Temprano el viento desata los alaridos
En el vientre antiguo de la estirpe brava
Ancestral el grito se enciende en los esteros
Ya inagura su temor las tacuaras
El aire lo desnuda en la tierra amarga
Cuando el monte inicia su quejido
Poblado de voces nuevas va dibujando sus huellas
Se hace ausencia setras del espartillo
Su nombre ya es de fuego y lo vomitan
Cien bocas de anillos milenarios
Su acento es de muerte y lo recorren
Cien lanzas en los cuerpos y en los charcos
Duele la tierra caliente
Las blancas sombras templando
Sangra el mangrullo incipiente
Con soledad de muerte y tristeza
Poema formoseño de Aldo Cristanchi, año 1944
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